La historia

En el universo conocido no existen registros de una guerra tan memorable y funesta como aquella. Por mucho tiempo, las estrellas de la galaxia Molinillo Austral iluminaron las batallas entre las naves de la Federación y el Imperio toriano. Fueron cientos de planetas conquistados y millones de seres los que perecieron en aquel enfrentamiento interminable. Un acuerdo de paz jamás fue una opción, solo la conquista de la capital enemiga determinaría al vencedor.

Hubo muchos eventos registrados, mas uno se recordará por haber desencadenado una serie de impensados sucesos. Aquella vez, en una zona de la Vía Láctea, no muy lejos de la Tierra, una estación espacial de la Federación orbitaba en el perenne infinito. Era una galaxia pacífica, muy lejos de las zonas de conflicto, por lo que los federales se sorprendieron cuando veinte naves del Imperio fueron captadas por sus radares.

De inmediato se desencadenó una feroz batalla entre las naves plateadas de la Federación y las escarlata de los torianos. Los federales tomaron ventaja y los imperiales sabían que tenían pocas oportunidades de vencer en una zona enemiga, por lo que decidieron huir. Fueron cinco las naves torianas las que lograron escapar y decidieron esconderse en un planeta independiente cercano: La Tierra.

Fernando Villanueva dormía tranquilo, sin imaginar que, en algún lugar de la galaxia, unos extraterrestres se habían enfrentado en una batalla. Como casi todos los humanos, él desconocía la existencia de federaciones planetarias, imperios galácticos o guerras interestelares, tan solo descansaba ignorando que, muy pronto, sucedería el evento más importante de la civilización humana.

Fernando era un cadete de la Escuela de Oficiales de la Fuerza Aérea del Perú y cursaba su tercer año como aspirante en la Base Las Palmas de Lima. Aquel día le tocaba prácticas aéreas con los aviones MIG-29. Los aviones terrícolas se elevaron por el nublado cielo limeño y volaron sin percances hasta que sucedió un evento incomprensible para los pilotos: cinco naves extraterrestres de color rojo escarlata fueron detectados por los radares de la Fuerza Aérea del Perú y se encontraban muy cerca.

Los torianos, creyendo que aquellos aviones extraños volaban para defenderse de una invasión, atacaron a los terrícolas y comenzó una batalla. Tras el desconcierto, los humanos descubrieron que aquellas naves extraterrestres no tenían escudos y podían vencerlas, por lo que la batalla se tornó pareja y lucharon durante varios minutos sobre el cielo limeño, ante la vista de miles de personas, que grabaron y difundieron la llegada de los extraterrestres. Finalmente, Fernando Villanueva fue el único piloto que logró sobrevivir y regresó a la Base mientras un toriano escapó de la Tierra.

El joven cadete fue llevado a un cuarto y puesto en resguardo hasta que el Gobierno peruano recibiera las instrucciones de otros países acerca de cómo proceder; sin embargo, Fernando fue abducido y apareció en una pequeña nave extraterrestre, en el espacio exterior, junto a un extraterrestre humanoide de pelo rojo. Fernando gritó, intentó escapar, creyendo que era el mismo extraterrestre con el que estuvo luchando hacía poco; sin embargo, con el paso del tiempo, aquel ser lo convenció de que no era su enemigo, él pertenecía a la Federación, no a los torianos, contra los que estuvo luchando.

Fernando se enteró de que la Federación había estudiado a la Tierra durante mucho tiempo, pero estos consideraban que nuestro planeta no estaba preparado para contactarse con seres de otros mundos, y menos aún pertenecer a esta organización planetaria; sin embargo, esto había cambiado tras los últimos sucesos, ahora los humanos tenían certeza de vida extraterrestre y la Federación decidió incorporar a la Tierra. Serían doce humanos los que representarían a nuestro planeta, y Fernando era uno de ellos.

El extraterrestre llevó a Fernando a la capital de la Federación y aquí se encontró con los otros once seleccionados, quienes también habían sido abducidos. Ellos eran de diferentes edades, países y razas. Los nuevos seleccionados conversaron con el presidente de la Federación, quien les explicó qué sucedería con la Tierra: se construiría una base en medio del océano Pacífico que sería la sede de la nueva Federación Terrícola. Ahí vivirían y recibirían naves espaciales, armas y uniformes. Todo lo necesario para ser parte de la Federación. Asimismo, se instauraría un Congreso de la Tierra donde todos los países del mundo podrían enviar delegaciones y coordinar con los seleccionados el devenir del planeta.

Conforme avanza la historia, la Tierra se involucrará en una guerra en la que se enfrentan la Federación contra el Imperio toriano; los seleccionados viajarán a través del universo, conocerán seres extraños y lejanos planetas, lucharán en varias batallas y tendrán que guiar al mundo, ya que, desde su incorporación a la Federación, comenzará una nueva época para nuestro planeta.

Finalmente, el 12 de mayo de 2010 se fundó la Federación Terrícola en la nueva Base y la Tierra oficialmente se incorporó a FOUD. A pesar de la tregua que los jefes de estado le dieron a los doce humanos que fueron elegidos por los extraterrestres, conforme avanza la historia se desata una una guerra política por el control de la Federación Terrícola, en tanto, nuestro planeta se involucra en la gran guerra en la que se enfrenta la FOUD contra el Imperio toriano.

En el universo conocido no existen registros de una guerra tan memorable y funesta como aquella. Por mucho tiempo, las estrellas de la galaxia Molinillo Austral iluminaron las batallas entre las naves de la Federación y el Imperio toriano. Fueron cientos de planetas conquistados y millones de seres los que perecieron en aquel enfrentamiento interminable. Un acuerdo de paz jamás fue una opción, solo la conquista de la capital enemiga determinaría al vencedor.

Hubo muchos eventos registrados, mas uno se recordará por haber desencadenado una serie de impensados sucesos. Aquella vez, en una zona de la Vía Láctea, no muy lejos de la Tierra, una estación espacial de la Federación orbitaba en el perenne infinito. Era una galaxia pacífica, muy lejos de las zonas de conflicto, por lo que los federales se sorprendieron cuando veinte naves del Imperio fueron captadas por sus radares.